DÓN Y LÁTIGO
26 de mayo de 2009
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Mucho antes de verme colgado del techo
Estaba muerto, todos los días.
Con miles de papeles arrugados
Al lado de mí máquina y de tú refrigeradora
Estaba muerto hacía años.
Antes siquiera de declararte que te amaba
Hice trampa pues,
Te dije que moriría por ti,
Y yo ya estaba muerto.
Estaba muerto en los veranos
Esos en que tu y todos los demás
Parecían llenos de vida, y yo.
Por eso espero que no te sorprendas hoy día,
Que seria estúpido, por eso me he matado
Porque si te sorprendes no me haz querido.
Porque me he venido preguntando
En estos días, viéndote mirar en la tele
todas esas cosas que no sirven para nada
Más que para que yo me quede lejos
Mirándote,
Me he dicho,
Será que si la muerte empieza con la vida
Acaso sea que la vida, empiece
Justo en el momento en que hemos muerto.
28 de abril de 2009
123
Todos en la casa queríamos que sea ya 1998. Mi papá hizo gala de sus monólogos infaltables en las reuniones familiares, y se mando, un poco pasado de tragos, a decir que 1998 seria mejor que el año en que estábamos, que debía ser 1997.
Me miro a los ojos, casi improvisando, para prometerme que en mi siguiente cumpleaños venían los Parchis, un quinteto de muchachos que agitaba a los más chibolos de las casas limeñas.
Particularmente a mí al grupo me bastaba con verlo de lejos, por la pantallita de la tele. Tenía un cassete que me lleve del cumpleaños de uno de mis primos, y por las tardes que mi casa se vestía de un color que yo llamaría naranja silencioso, me ponía a tararear las estrofas de mi cassete bamba sin letras al reverso. Eso a mi me bastaba.
A mi papá no se que le dio por decirme que venían los Parchis a la casa, situación que no rechace ni un solo segundo después de que terminara con la frase. Por el contrario me di cuenta de que mi corazón nueve añero latía con cierta claridad deseando lo que yo no había ansiado nunca.
La cosa es que mucho no me habían importado los años hasta que tuve edad para entender los monólogos de mi papá, y luego otra edad para creérmelos. Lo único que había querido antes, había sido cumplir ocho años para poder sentir como era ser “grande”.
Por su culpa ya desde la mitad del noventa y siete, andaba con el corazón medio salido de tantas ganas porque de pronto cada día siguiente fuera de una vez por todas 1998. Y que 1998 no fuera solo uno de esos palitos chispitas que les prenden a los niños en Navidad. Esas luces de bengala que ya habían dejado de gustarme. Sino que fuera largo y duradero como cualquier niño quisiera que fueran las cosas felices.
Me desperté varias veces con el sabor de los chupetines de mi siguiente cumpleaños en los labios. Mil novecientos noventa y ocho se había convertido en mi meta. A pesar de que siempre había odiado tanto las cosas en vivo. Parchis en vivo, debía ser algo así como todos mis miedos tirados por la ventana. El quinteto y yo haciendo añicos la sala de mi casa. Así, imaginaba mis primeros diez años; Y los nueve de mi hermano. Incluido el Super Nintendo que era parte de la promesa del próximo año.
En ese momento, cumpleaños de no se quien; Mi papá había tirado sus miedos por la borda tanto como mi hermano y yo los habíamos tirado. A los tres nos brillaban los ojos. A mi mamá también le brillaban los ojos.
Nos creímos todo al pie de la letra, y nos hicimos aun más cómplices para intentar acelerar el tiempo, y además para que el juego nos venga con cassete y dos controles. Lo justo.
2.
Mi papá se fue de viaje a Chile. Debe haber sido en 1994 que mi papá se fue a Santiago por un par de semanas. En esa época yo no tenía noción del tiempo. El tiempo era más o menos: Mi papá yéndose a trabajar. Mi mamá cocinándonos. Mi hermano y yo almorzando, arrimando la comida hacia un extremo del plato para que pareciera menos. Mi mamá viendo a Gisela. Mi hermano y yo cogidos de la almohada tomando nuestra leche, esperando ver a los Power Rangers; Y luego, nuevamente mi papá y todos en la cama. Así me acuerdo de las cosas.
El día que mi papá se fue de viaje, mi hermano y yo nos paramos en el pasadizo a esperar que nos diera a cada uno un beso de buenas noches. Nos pusimos el pijama y corrimos porque parecía que ya se iba.
A mi me daba pena que se fuera porque no supe hasta que volvió cuando era que volvía. Y además porque ya no sabia nada del tiempo. Ni tampoco sabia quien iba a venir a ocupar su lugar en la cama para no estar solos.
Por una parte también me sentí bien de que mi papá se fuera porque ya no iba a ser viernes, ni se iba a ir con sus amigos a ver el fútbol. Es que para mi se iba lejos a extrañarnos.
Mi mamá salio de la cocina con un camisón de pijama y le dio un abrazo a mi papá y de ahí él se nos acerco y nos dio un abrazo gigante, tan grande que casi lloro de felicidad y de tristeza. De ahí se levanto y solo podía verle el pantalón blanco.
Vivíamos en el tercer piso de un edificio en Miraflores. Los tres pisos que bajo lo vimos por la baranda de la escalera. Cuando ya no pudimos verlo desde ahí, corrimos los tres hacia el balconcito. Yo me tire al suelo a mirarlo desde una ventanita partida por la mitad y mi mamá cargo a mi hermano, y le hacían adiós con las manos.
Mi papá no podía hacer adiós con las manos porque cargaba una maleta (creo que en esa época todavía no estaban tan de moda las que tienen rueditas), pero se notaba que con la mirada nos decía varios adioses.
No me puedo olvidar de mi papa con su camisa verde, y su chompa azul con plomo. No me puedo olvidar de mi papá subiéndose al taxi. No me puedo olvidar de su juventud, ni de la calidez de sus manos que aun guardo en mi memoria de recuerdos táctiles.
Mi mamá dijo de broma: ¡Y ahora a dormir, hasta que vuelva mi papá!
Será que mi mamá aun no sabía que cuando alguien se va ya no vuelve. Quiero decir que nunca se es exactamente lo que se fue ayer, o hace dos semanas. Yo tampoco sabía.
Por eso a veces miro mis fotos de esos días, y me da nostalgia que las fotos que veo no sean mías, sino de alguien que algún día fui.
3.
Ahora no recuerdo bien. Creo que fue en 1995 que mi mamá vino al cuarto de juegos para darnos la noticia. Teníamos una alfombra enrollada en el suelo. Mi hermano estaba sentado en un extremo y yo en el otro. La cortina estaba medio abierta y los rayos de sol calaban hasta el ropero blanco donde poníamos los juguetes nuevos. Por un momento creí que nos traía la leche, y que nos íbamos a parar de ahí para correr hasta la cama y echarme al lado derecho; Y al lado izquierdo, mi hermano, como siempre.
Cuando mi mamá entro al cuarto, nos llamo por nuestros nombres, uno después del otro. Nosotros levantamos las cabezas como sincronizadas y vimos su sonrisa al mismo tiempo. A mi me pareció especial como nos miraba esa tarde. Casi con miedo, casi llena de felicidad, casi en una burbuja del tamaño del departamento.
Entonces se sentó en medio de la alfombra como haciendo una cadena entre los tres y ablandó mis manos llenas de una masa de plastilinas Play Doh, sin forma ni color.
A penas se sentó nos dijo: Van a tener un hermanito. Mi hermano me miro con cara de sorpresa, pero creo que era porque no sabía que hermanito quería decir hermano.
A mi me gusto la idea, sobretodo porque en las clases me habían hablado sobre los hermanos mayores.
Le dije a mi mamá que qué buena idea tener un hermanito mayor. Y me explico que no podíamos tener hermanitos mayores, cosa que en ese momento me pareció extraña porque yo conocía a varios amigos que si tenían hermanitos mayores. Y pensé que si los demás podían porque yo no iba a poder. Total, mi hermano si me tenia a mi, y yo era su hermanita mayor.
Después de conversar con mi mamá vi que mi hermano se puso a separar los juguetes que ya no quería para dárselos a su nuevo hermanito. Y yo hice lo mismo y separe mis juguetes para mi nuevo hermanito. Teníamos una gran caja llena de carritos, de muñecos Power Rangers y de muñecas Barbie. Y a ver si nacía hombre o mujer, y que juguetes se devolvían a su dueño.
Ya pues, ya no iba a tener a mi hermanito mayor, pero yo iba a ser dos veces hermanita mayor y como tal, me iba a portar como se portaban los hermanitos mayores.
De ahí mi hermano y yo, ya no quisimos saber si era hombre o mujer, nos olvidamos. Después solo nos preocupamos por separarle el centro de la cama.
14 de abril de 2009
Cuando muero
están mis ojos
Que con un pliegue
Me desprenden
Ya no soy la del cuerpo
sino que reposa
mi alma celeste.
En la tierra
mi cuerpo,el que pesa,
se hunde
mientras el pliegue
Ya no se abre.
13 de abril de 2009
130409
Creo en ti en particular
En singular. En sujeto tácito
Quiero decir que creo en ti
cuando no eres presa de nada.
Creo en ti si crees aún
en la magia de un sombrero.
Si crees que puedo
colorearte el libro
de dibujos animados.
Si me crees ahora.
Creo, de alguna manera,
Que un día de estos
quizá Te animes
A ser corona
o piñon de mi engranaje.
...
5 de abril de 2009
1
Trato de recordar algo de anoche, pero nada, solo me acuerdo del futuro. De mi forma de vivir, tan abortiva. Mi abuelo me dice que ya se va a ir, y yo no entiendo de que me habla y le pregunto a dónde, y me dice, a donde te vas y no regresas. Yo no me pongo triste. Me pondría triste que no me lo dijera. Entonces bromeo con el y le digo que el elija, que puede vivir hasta los doscientos acá o cambiar de dirección y conocer otros mundos. El se ríe y elige la mejor opción. Me voy a mi cuarto. Me echo en mi cama. Pienso en 1996 y en realidad tampoco me acuerdo de nada, pero el número suena a que todo estaba bien en 1996. Como las tapas de los libros que se ven bien y uno quiere leer el libro porque la tapa le trae un buen augurio.
Pienso en que las cosas vienen y van, y pienso que lo malo de las cosas es que siempre van a existir. Pienso en que en mi cuarto están las cosas de mi cuarto y que en los cajones viven las cosas de los cajones, y que en los cajones las plagas deben ser polillas.
Salgo al jardín de mi casa y me tiro en el pasto. O más bien, caigo, porque me lanza una fuerza en las puntas de mis dedos y en mi cabeza. Ya es hoy, y sin embargo, cierro los ojos y todo me sigue dando vueltas, aun peores que ayer, más pesadas y negras.
Pienso en las ganas que tengo de estar sumergida, aguantando la respiración bajo el agua. Imagino que nado, que estiro los brazos y que voy sumergiéndome cada vez más. Y abro los ojos y no veo casi nada, porque yo no soy una de las cosas del mar, solo soy una invitada. Muevo los pies y subo a la superficie porque se me esta acabando el aire y no llego, muevo los pies, ya falta poco, me digo, hasta que por fin tomo parte del aire, y sigo en mi jardín, con el sol que me da en la cara.
Mi abuelo no escucha bien, escucho su televisor prendido. Esta solo en su cuarto porque mi abuela ya se fue a ese lugar donde te vas y no vuelves. Yo tal vez ya me fui y no he vuelto, no estoy muy segura. Tal vez no me he ido y solo es que no he vuelto. Escucho las noticias que el escucha desde el televisor. Las noticias ya no son noticias. Todos los días dicen quienes se chocaron, quienes se suicidaron, a cuantos salvaron de morir en un intento de suicidio. Pienso en toda la gente que salvan en el intento y me repito, nadie quiere que lo salven. Que te salven da lo mismo, es como esa gente que te habla, pero que no se pone en tus zapatos. Nadie sabe cual es el cable que se te ha movido. Nadie quiere saber “porque”, solo quieren el “para que”. Antes de quitarme la cuerda del cuello, ofrézcanme alguna propuesta. Sino, no me salven. Da igual. Nunca nadie me ha salvado.
Me acuerdo de algunas caras. Me acuerdo de la gente que siempre cree tener la razón y me acuerdo de la gente que solo quiere ser feliz ¿no? Entonces, haces taxi y conversas con muchas personas hasta que algo explota en tu cabeza y quitas el cartel, y te bajas del carro y pintas la calle. Para ser feliz voy a tener que pintar algo, pienso.
Entro a mi casa porque el sol ya no me cae, ya nada me fastidia. Mi tío esta sentado en un sillón. Tiene un documento que es una denuncia. No se nada de denuncias, pero el empieza a contar una historia. Una señora denuncia a la empresa de mi tío. Denuncia el polvo que le cae desde una obra de construcción. Denuncia que un señor, Albines, que mi tío no conoce, le haya dicho que van a pagarle todos los daños. Mi tío se ríe. No conoce a Albines. Y yo me quedo pensando en Albines, un señorcito con traje gris, con los hombros caídos, con la cara pintada de blanco y diciendo Yo juro. Entonces yo también me rio.
Mi abuelo apaga el televisor y escucho sus pasos bajando las escaleras. Lo esperamos y se sienta con nosotros. Solo estamos los tres porque mi papa esta de viaje, uno de esos viajes que te vas y vuelves, pero siempre que vuelves eres otro. Mi mama esta un manicomio.
Pienso en que ya tengo que limpiar la casa, que soy la única persona que puede limpiar la casa porque mi abuelo piensa en su viaje sin retorno, mi tío tiene que ver los papeles de la denuncia y a mi mama no se le va a pasar la locura ningún día de estos.
20 de marzo de 2009
22 de octubre de 2008
10
Se me rompió el corazón cuando supe que nunca más iba a verte. El primer día, las primeras horas de que me entere que no volvías mas, fue como levantarme a un mal sueño. Vino el gordo corriendo y se le caían todas las lagrimas, y te juro que a mi se me abrieron los ojos al lado mas oscuro. Tuve que mojarme la cara y hasta mirarme al espejo para darle a la fecha y creerme las palabras del gordo.
No tienes idea de cómo se le mojaba la cara a mi hermano, a mi se me había parado el tiempo y me costo mucho llegar a cogerlo del brazo y luego cogerlo hasta la espalda y apretarlo fuerte a mi pecho, para caernos juntos por el mismo abismo.
Dicen que cuando uno esta a punto de morirse, se le viene toda su vida a la mente. Es porque se activa algo en la cabeza que hace que pienses todo más rápido. Creo que cuando no hay solución, uno ya no piensa en el problema, y entonces debe ser que ya no piensas en salvarte y solo se te ocurre recodarlo todo.
Cuando abrace al gordo, a mi se me clavo por primera vez la estaca de la muerte. Se me clavo hondo en el corazón, pero mas en el estomago, y lo único que pude fue pensar en ti y en que no fuera ese día, sino uno anterior; y que yo ya fuera la persona que era y no esa persona de un día antes, que no tuvo el valor de mirarte a la cara triste de cuando uno ya no puede hacer nada. No pude ni agarrarte del brazo y sobartelo como tú hacías conmigo cuando veías mi cara de futuro incierto.
Abrace más fuerte a mi hermano y justo antes de estrellarnos en el suelo, llegue a mil novecientos ochenta y ocho. Luego pensé en esa vez que hablamos por teléfono. Tu en la clínica y yo en el trabajo. Escucharte ese día fue una de las cosas más bonitas que me han pasado. Me acuerdo que era domingo. Me había tenido que quedar un rato mas trabajando, y estaba molesta porque no podía ir a verte, y tu me dijiste que ya estabas mucho mejor, te reíste conmigo y te dio mucho orgullo que yo también le pusiera fuerza a todo. Me puso feliz que le pusieras ganas.
Debe ser que cuando uno no muere joven o por accidente antes de que los suyos mueran, uno muere repleto de heridas grandes que nos salen cuando nos dejan aquellos que no olvidamos y que se van primero de nuestro camino. Todos estamos llenos de heridas.
No te voy a negar que cuando lo supe todo, seguí un poco el paso, como si nada pasara. Siempre dicen que hay que seguir, no? Pero creo que era el miedo. El miedo a aceptar que todo se termina y a que las cosas a veces se complican. Por eso un día antes, justo un día antes de que te fueras de la casa, tuve que levantarme de la cama y mojarme el cuerpo al mismo tiempo que dejaba a mis lágrimas perderse en la ducha, pensando en mi falta contigo, pensando en levantarme y sentarme a tu lado de una vez por todas.
Le dije a mi hermano que pusiera fuerza, y hasta le pedí que no llorara. Como le iba a pedir que no lo hiciera, si tú eras toda su fuerza, su madre, su amiga, su abuela. Entonces ya no le dije nada, como un espejo mi cara se puso igual de triste que la suya. Me senté en mi cama y estuve sola mirándome los ojos a los ojos. Esperanzada aun en la confusión. En el milagro de volver a despertarme.
2.
Cuando todos comenzaron a llegar a la casa para derribarse la esperanza, salí de mi cuarto y me senté en la mesa. Quería cogerme de algún rostro cercano, pero cada persona que veía lo volvía todo más real. Era como un terremoto: no hay a quien mirar para no quebrarse, no hay salida, dices: ya paso? Ya paso? No hay nadie que sepa cuando pasa, tienes que mirar dentro de ti y esperar que el tiempo saque la estaca. Aunque para mí, la herida te vuelve otro, la estaca sale, pero las heridas te cambian, y cuando uno cambia nunca mas es el mismo.
Tenia que subir de una vez. Conte los 16 escalones con el miedo mas grande con el que jamás conté algo, porque cada escalón me nublaba, me ponía frágil, me deshacía como nada. Jure que en el último escalón me despertaba y que otra vez nos tocaba día de sol. Que camino a Benavides comprábamos las mentas. Que te cogia del brazo, que caminaba a tu paso y que nos subíamos a un taxi amarillo. Que otra vez te decía lo guapa que estabas. Que te escuchaba decir que qué bien me quedaba amarrado el pelo. Jure que otra vez te dejaba en la puerta del casino y que yo me regresaba caminando. Pero los juramentos no funcionaron. Ninguna palabra te traía de vuelta a casa. Tan bonita que te la habían puesto mis primos. Hasta te hicieron un cartel de bienvenida.
3.
Termine de subir y nada había cambiado, y al mismo tiempo, todo. Cada objeto era como una piedrita que me hacia el camino a verte, ese camino que yo ya me sabia de memoria, nada mas que ese día todo estaba distinto. Antes de verte a ti, vi a mi papa que estaba en la puerta de tu cuarto. Como me hubiera gustado que no trajera la cara triste, sino que estuviera sonriendo, sino que fuera cualquier otro día y te estuviera diciendo lo mucho que te amaba. Vaya suerte la suya. A mi como me hubiera gustado que tu fueras mi mama o mi papa. Con toda tu integridad, con toda tu bondad, con eso de pensar siempre en los demás, que no hubiera hecho yo para hacerte feliz.
4.
El pasado debe ser esa formula exacta que no deja que uno se hunda por completo. Siempre hay algo que recordar para mantenernos a salvo, aunque sea por un tiempo. Por eso me abrace de mi papa con toda esa fuerza con la que le hubiera tirado un puñete al muro mas duro que encontrase. El problema es que los puñetes mienten. Golpear una pared tras un sufrimiento solo nos anestesia. Es como mirar al otro lado del mar cuando sabes que una ola va a arrasar contigo.
Te vi, y aunque tuviera los ojos entreabiertos, ya nada era un sueño, tú estabas ahí, con la válvula detenida. Estabas inmovil. Con todos a tu alrededor mirándote como para guardarte en el mejor baúl de sus mentes.
Por un momento no pude más que caer. Sentía que me caía en todos los tiempos. En mi garganta tenia esa sensación de cuando un carro se ahoga. La cara roja y mojada Sin ti y aun sin poder imaginarme sin ti, al mismo tiempo.
Te mire en silencio hasta entender que ya no te dolía el cuerpo. Cogi tu mano por ultima vez en este mundo. Bese tu frente tibia, sin respuesta. Me pedí a mi misma para no olvidarte. Y para que la próxima vez tuviera esa suerte de cruzarme contigo.
21 de abril de 2008
Hacia lo oscuro de mi vientre
Y hasta siento como viaja la pena
En tren
Desde mi garganta
Hasta las uñas de mis dedos dormidos.
Mis cabellos ya no son mis cabellos.
Me he pedido de vuelta, y sin embargo
Soy solo reflejo de un cuerpo soleado
Que esconde selvas de fracaso
En penumbras desesperanzadas
Y en rejas perpetuas.
Y ya el espejo es una casa inhabitada.
Donde andarán esos caballos blancos
Que un día me despierten por la mañana
Y que se lleven mis nauseas
Y la tierra revuelta de mis sesos.
Que me devuelvan mi Abril numero veinte.
Puras raíces muertas que atrapan mis pasos.
Sueño a sueño.
Donde andará el pasado
Que un día se aparezca apiadado a regresarme
Al vientre puro,
Al respiro claro.
17 de abril de 2008
Ni estrategias
Quiero deslizarme en tu vientre
Como de haber nacido
Deslizándome desde tus ojos.
Quiero ese último abrazo de la tarde
Y tu mano que remueve a la mía
A la danza del alma abuhardillada
Yo no quiero ni tus tácticas
Ni tus estrategias.
Quiero tu silencio que vocifera
En mis oídos.
Tus besos de parque bajo
El sol que te adormece
Que te rompe la cárcel
Y te achata el vientre
Con mi cabeza
En tu pecho.
Quiero el árbol
Que anuda tu brazo con mi brazo
Que desencadena un último suspiro.
11 de abril de 2008
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Quería verte nuevamente con el polo negro, sentado en uno de los bordes al lado del café, fumándote un cigarro y esperándome. Esperándome con las maletas y con el boleto. Y que nos fuéramos juntos, de una vez lejos.
